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Las Albuñuelas, caminando entre cítricos e historia.



26 de Octubre de 2018


Albuñuelas es un municipio situado en la depresión que lleva el mismo nombre, al suroeste del Valle de Lecrín. Su nombre, de origen árabigo, significa “tierra de viñas” y denota personalidad y tradición.

Situado en la margen izquierda del río de las Albuñuelas o río Santo, llamado así por su caudal permanente a lo largo de todo el año, este pueblo es el más extenso de nuestra comarca gracias a sus 140 km2 llenos de sierra y de historia. El amplio cauce del río ha ido excavando con el paso del tiempo un hermoso valle y dando forma al Barranco Luna, que corre en paralelo a este río con el que finalmente se une en Saleres. Esta impresionante garganta de unos 700 metros de altitud ofrece un trepidante recorrido en el que la flora autóctona, los fósiles conservados en las rocas y las cárcavas creadas por el paso del agua, no dejan a nadie indiferente.

 

 

Este pueblo resurgió de sus cenizas como el ave fénix tras uno de los episodios más trágicos que han tenido lugar en la historia del Valle de Lecrín. El 25 de diciembre de 1884, día de Navidad, un terremoto de gran magnitud, sembró el caos y la desgracia entre sus vecinos. La tierra tembló y se llevó consigo la vida de 104 personas, dejando además alrededor de 500 heridos

 

 

 

 

 

Se realizaron llamadas de ayuda a nivel nacional e internacional y el rey Alfonso XII mostró también su apoyo. Muchas provincias facilitaron medios y recursos para que se reconstruyese el pueblo, las cuales ocupan un lugar muy merecido y reconocido en muchas de sus calles que llevan sus nombres en su honor. El barrio alto así como la iglesia fueron los más afectados. Prueba de ello, son las casas torcidas que encontramos a lo largo de la calle Estación, así como la torre de la antigua parroquia, que tuvo que ser reconstruida tras el terremoto.

 

 

 

 

 

Caminando por las Albuñuelas puede el visitante impregnarse de los retazos de su historia a través de sus lavaderos, sus antiguos molinos y miradores (como es el caso del mirador de la Havana, un fantástico balcón a la depresión desde el que pueden contemplarse sus campos llenos de cultivos y las famosas “Cuevas de los Moros” excavadas en la montaña). La torre del Tío Bayo, del siglo XIV, muestra el pasado nazarí de Albuñuelas, un pasado marcado por el dominio de una dinastía que llegó a su fin con el rey Boabdil.

 

Por último pero no menos importante, este pueblo se debe a sus gentes. A Rita, que abre las puertas de la iglesia del Salvador mostrando la bienvenida al peregrino y a todo aquél que quiera descubrir su interior; a Paco, que tras más de 40 años trabajando y decorando con enorme paciencia su casa, ha dado lugar a uno de los rincones más asombrosos y únicos de este pueblo: la Casa de las Conchas; y a todos los que acogen con alegría y calidez a la gente que visita su localidad.

 

 

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