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La iglesia fue posteriormente restaruada tras el incendio que sufrió tras la rebelión de los moriscos, valorándose el daño en 8.000 ducados. A finales del S. XVI Alonso López Zamudio hizo de nuevo la armadura, seguramente más sencilla que la anterior, quedando como testimonio de esta restauración los escudos del arzobispo Pedro de Castro en el testero del altar mayor. Posteriormente se le han añadido algunas dependencias al lado izquierdo.

La iglesia presenta claramente la confluencia de experiencias tradicionales en el renacimiento granadino. Tiene una larga nave rectangular con altar mayor en alto. Suntuosa debió ser su primera armadura, hecha por el buen alarife Francisco Hernández, sustituida por la actual de limabordón a los pies y mohamares a la cabeza (hecho poco frecuente), con nueve tirantes dobles. Los muros son de ladrillo y cajón de mampostería, salvo las esquinas y la cornisa que son de sillar. Las portadas, una a los pies y otra en el costado derecho, son sencillas obras de cantería, con simples encuadres moldurados a seis esquemas más esenciales. Los herrajes los hizo Gabriel de Gozón. La torre se levanta a la derecha de la cabecera, con tres cuerpos más el de las campanas, cuyos vanos llevan enjutas con azulejos, hechos por Francisco Fernández. Tiene algunos altares y retablos barrocos, siendo el más interesante el retablo mayor, realizado en la primera mitad del S. XVIII con decoración de estípites y todo dorado.