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Donado por María Antonia Zayas Osorio Covalche, su estado de conservación es muy bueno, debido a su restauración en 1991. Este molino de aceite, situado en el casco urbano, ha estado en funcionamiento desde el siglo XV hasta la segunda década del siglo XX. Conserva la maquinaria y es una buena muestra de los distinto tipos de molinos que se han utilizado a lo largo de la historia.

A la entrada hay un patio de acarreo, en el que se disponen unos pequeños cubiles para la aceituna (trojes o arrojes). En una primera habitación aún podemos ver un ejemplo de molino de sangre, de origen romano, que era movido por la fuerza de un animal, en sentido contrario a las agujas del reloj.

El molino de La Erilla se movía por la fuerza motriz del agua, procedente de la acequia que desciende desde el Partidor de la Pavilla. Los aceites se recogían en los “pozuelos” bajo las vigas de decantación. El proceso de prensado tarda más que la molienda y los ayudantes del maestro molinero, un número de dos, continuaban trabajando durante la noche. Dormían en las “chillas” (camastros elevados del suelo).

El resto sólido (orujo) servía como combustible y alimento para animales domésticos. El aceite es muy sensible a la oxigenación y se añeja con facilidad. Hay que almacenarlo bien tapado y en lugar fresco. Por ello, en la almazara existen las tinajas embutidas en el suelo para conservarlo durante más tiempo.